Juan

Dos Encuentros y dos lecciones

Juan 20, 21

Introducción:

La crucifixión de Jesús es crucial (como hemos visto las últimas dos semanas), pero sin su resurrección tres días más tarde, sería sólo una tragedia. La resurrección reivindica la declaración de Jesús de ser el Mesías y demuestra que su pago por los pecados era aceptable. (Romanos 4:23-25).

Hoy estudiaremos dos encuentros después de su resurrección entre Jesús y dos de sus discípulos. Estos dos encuentros nos enseñan dos lecciones espirituales importantes.

Jesús y Tomás: “¿Cuánta evidencia necesito para creer en Jesús?

Leer vs.24-29. El tema aquí claramente es: qué es lo que constituye una base suficiente para creer en Jesús. Tomás sostiene que la palabra de los discípulos no es suficiente para él. Para él, solo “el ver es creer” – él tiene que ver a Jesús en carne y examinar sus heridas. Jesús le otorga esta oportunidad, pero Él gentilmente lo reta por no estar dispuesto a “creer sin ver”.

¿Qué quiere decir “creer sin ver”? “¿Cuántas evidencias más necesitamos para creer en Jesús como nuestro Mesías? ¿Diferentes personas dan diferentes respuestas para esta misma pregunta?

Algunos dicen que debiéramos estar dispuestos a creer sin ninguna evidencia. Esto es lo que yo llamaría fe ciega – pero no es fe bíblica. Es más bien una forma de credulidad que la Biblia condena (Isaías 40:19,20; 41:22-24). Como veremos pronto el Dios de la Biblia (a diferencia de otras religiones) anticipa y responde a la necesidad de una fe basada en la evidencia.

Otros dicen que sólo con una prueba absoluta será suficiente (APARICIÓN FÌSICA; CURACIÓN; VOZ AUDIBLE; ETC). Pero esto es lo que justamente Jesús está confrontando en Tomás. A través del evangelio de Juan, Jesús critica y niega esta demanda porque es lo que usualmente enmascara el no estar dispuesto a creer.

Juan nos responde a esta pregunta en vs. 30,31 (leer). Debiéramos estar dispuestos a creer que Jesús es el Mesías resucitado basado en los testimonios de los apóstoles. Dios dice que sus testimonios son suficientes para una decisión inteligente, informada y racional de entregarnos personalmente a Jesús y recibir su perdón y la vida espiritual de Dios.

¿No es mucho pedir? Consideremos la calidad del testimonio de los apóstoles en relación al tema más importante – la resurrección de Jesús.

Ellos no eran ingenuos. Tomás (al igual que los otros discípulos) no estaba inclinado a creer en la resurrección de Jesús, a pesar de las repetidas predicciones de Jesús sobre su resurrección y de sus numerosos milagros. Ellos eran hombres con “sentido común” quienes sabían que las personas una vez que se morían, permanecían muertas. Lucas dice que cuando las mujeres reportaron el testimonio de los ángeles de que Jesús había resucitado, “…estas palabras les parecieron sin sentido, y ellos no creyeron en ellas.” (Lucas 24:11).

Ellos proveen relatos de testigos oculares de la resurrección de Jesús. Aparte de la prueba empírica, el testimonio de los testigos oculares es el tipo de evidencia más fuerte que existe. Considéremos parte de su relato.

Leer Juan 20: 1-8 ¿Qué tenían las vendas que llevó a Juan a creer en que Jesús había resucitado? Explicar las dos vendas usadas en los entierros palestinos. Las vendas del cuerpo estaban tendidas “en su lugar” (en el suelo)” y el sudario (la envoltura de la cabeza) estaba situado al lado pero separado de las vendas del cuerpo. Juan concluyó que el cuerpo no había sido robado debido a que las vendas estaban sin tocar. Además él concluyó que el cuerpo de alguna manera se evacuó de las envolturas y concluyó que la mejor explicación era la predicción de Jesús de que Él resucitaría.

NOTA: Este es uno de los muchos pasajes que deja claro que el cuerpo resucitado de Jesús tenía diferentes propiedades que antes de que él muriera. Él no estaba simplemente reanimado – sino no hubiese podido salir de sus envolturas. Él había resucitado, y su cuerpo ahora poseía la habilidad de poder pasar a través de las barreras físicas. (ver también 20:19).

Jesús se apareció en forma personal a todos ellos a excepción de Tomás (leer vs.19,20) y luego se incluyó a Tomás. Luego, a lo largo de los siguientes cuarenta días, Jesús se apareció a ellos (y a otros 500) muchas veces y proveyó prueba empírica adicional de su resurrección (Hechos 1:3; 1Juan 1:1). Algunos de estos testigos oculares adicionales apoyan el testimonio de Juan en 21:24.

Ellos estaban dispuestos a sufrir y morir antes de negar su testimonio. Si hubiesen estado involucrados en cubrir algo, ¿Cómo se puede explicar por qué ninguno de ellos se quebró cuando fueron amenazados con golpearlos y con la muerte (Colson: Afortiori in Loving God)? Ninguno de ellos sacó provecho, en un sentido mundano, con el hecho de mantener sus declaraciones. Todos ellos fueron perseguidos por el resto de sus vidas debido a su insistencia de que Jesús confirmaba, con su resurrección, que era el Mesías. Todos ellos (excepto tal vez Juan) fueron ejecutados debido a sus testimonios. Esto hace que sus testimonios sean aún más fuertes porque saca cualquier motivo egoísta que hubiese podido llevarlos a mentir.

El movimiento Cristiano empezó en un ambiente hostil y en la ciudad donde estaba la tumba de Jesús y en base a ésta afirmación. Los Romanos y los Judíos querían que Jesús “permaneciera muerto”—y es por eso que ellos vigilaron la tumba con robustos soldados romanos y amenazaron con la pena de muerte a cualquiera que perturbara la tumba. Aún así los apóstoles llamaban a la gente a creer en él como Mesías basado en el hecho de su resurrección (Hechos 2:24,32; 3:13,26). ¿Por qué los enemigos no exhumaron (desenterraron) el cuerpo? Es imposible explicar el inicio de la iglesia sin considerar la tumba vacía.

Cuando consideramos la calidad de sus testimonios, la naturaleza del ofrecimiento (vs. 31b), y el testimonio adicional de la gente cuyas vidas han sido transformadas por Jesús, esta es un petición razonable.

No requerimos mejores evidencias que éstas, para confiar a otros cosas importantes que deseamos o necesitamos. Cuando compro un auto usado, no tomo sencillamente la palabra del comprador. Lo llevo a un mecánico independiente y lo hago chequear. Sé que hay un elemento de riesgo – pero estoy dispuesto a confiar en la palabra del mecánico si el precio es correcto y el auto deseable. Cuando necesitas una cirugía seria, tomas una segunda opinión, chequeas referencias, etc.– pero entonces, basado en los testimonios, tú eliges confiar tu vida al cirujano.

Lo que está en juego es mayor, pero la forma de decidir es la misma. Tú quieres conocer a Dios, tienes necesidades que no puedes satisfacer, en algún momento morirás. Deberías evaluar las opciones y sopesar las evidencias – entonces necesitas tomar una decisión de confiar tu vida espiritual y eterna a Jesucristo. Debes humillarte ante Él como lo hizo Tomás y decir personalmente “Mi Señor y Mi Dios”. ¡Si tú tomas este paso de fe, Él vendrá en tu vida y confirmará tu decisión!

Ahora miremos otro encuentro muy diferente entre Jesús y uno de sus discípulos…

Jesús y Pedro: “¿Cómo puedo ser restaurado después de fallarle a Jesús?

El marco de este encuentro es crucial. Sólo algunos días antes, Pedro se jactaba de que moriría antes que abandonar a Jesús. Pocas horas después, sin embargo, él se arrancó cuando arrestaron a Jesús y luego lo negó tres veces (maldiciendo la última vez en su cara). Ahora, después de aparecerse de nuevo a los apóstoles, Jesús inicia una conversación personal pero no privada con Pedro. Leer 21:15-17.

¡Qué diálogo más extraño! Aún así encontramos la respuesta para otro tema espiritual clave: ¿Cómo podemos ser restaurados después de fallarle a Jesús?. A pesar del fracaso dramático de Pedro, Jesús lo restaura completamente para la comunión y el liderazgo. ¿Cuáles fueron los elementos de la restauración? Esta pregunta es de importancia personal para todos los que hemos recibido a Cristo. Todos somos como Pedro en el sentido de que le fallamos tan a menudo, y a veces seriamente. A pesar de eso, como Pedro, el tema principal no es cuánto le fallamos –sino más bien es como respondemos después de estas caídas. Este pasaje revela tres claves…

Reconoce ante Él los fracasos que Él te revela. A primera vista, Jesús incluso parece cruel en la manera que confronta a Pedro a cerca de su reciente rechazo. En preguntarle “¿Me amas más que a estos?” ¡Jesús no está buscando información (afirmación! Más bien, Él está exponiendo el fracaso de Pedro (a su fracaso). Él repite como un eco la vanagloria de Pedro en Marcos 14:31 (“Aunque todo esto desaparezca, jamás te negaré). Tres veces Jesús le pregunta a Pedro “¿Me amas?” – a propósito recordándole a Pedro de las tres veces que él respondió “¡NO!” a esa pregunta e incluso negando que había conocido a Jesús. Y sin embargo Jesús no está tratando de restregárselo en la nariz de Pedro. Más bien Él está exponiendo el fracaso de Pedro para que pueda ser realmente resuelto.

¿Cómo respondes cuando Jesús expone tu fracaso en relación a seguirlo a Él (Ejemplos: comisión y omisión)? La mayoría de nosotros responde de una de dos maneras: racionalizando, minimizando, echándole la culpa a otro, o autodenigración (como Judas). Aunque estas respuestas parecieran diferentes, son idénticas en un área clave – ellas evitan tratar directamente con Jesús. Por lo tanto, el fracaso queda sin resolver y daña nuestra relación con Él. Debido a esto Jesús nos busca (directamente a través de la convicción o a través de otros cristianos) y nos llama a confesarle a Él lo que es. Cuando estamos dispuestos a hacer esto, encontramos que nuestra relación con Él es instantáneamente restaurada (aunque consecuencias colaterales puedan permanecer).

Aprender la lección de Humildad y auto engaño. Esta fue la cosa principal que Jesús estaba tratando de hacer entender a Pedro a través de este encuentro, pero ha sido oscurecida por la traducción.
Cuando Jesús le pregunta a Pedro “¿Me amas?” las dos primeras veces, El usa la palabra agape. Esta palabra significa servicio de sacrificio y compromiso, y es esto de lo cual Pedro estaba tan seguro antes de la detención de Jesús. Pero Pedro responde en ambos casos “Tú sabes que yo te phileo.” Esta palabra se refiere al afecto que se tiene por un amigo, y no es tan fuerte como ágape. Es casi como si Jesús estuviera preguntando, “¿Aún estás seguro de que me amas 100%? -- pero Pedro responde, “me engañé a mi mismo acerca de eso Señor. Tu sabes que yo te amo, pero es sólo un 60%.” La tercera vez, Jesús usa la palabra phileo. Él hace esto probablemente para asegurar a Pedro que esta evaluación honesta, aunque imperfecta, es aceptable para Él. La relación de Pedro con Jesús es mucho mejor cuando Pedro se da cuenta que su compromiso esta lejos de la perfección a que cuando pensaba confidentemente que estaba completamente comprometido.

Esto es una lección crucial para nosotros también. El fracaso espiritual está también siempre precedido por la decisión de confiar en sí mismo en vez de confiar en Cristo. ¡Qué fácil es pensar que sabemos mejor que Cristo lo que necesitamos! ¡Qué fácil es empezar a vernos a nosotros mismos como más comprometidos con Cristo de los que realmente estamos! ¡Cuánto de lo que hacemos por Cristo es realmente nuestra propia carne operando para progresar por esfuerzo propio! ¡Qué fácil miramos las debilidades de los otros cristianos y sus fracasos y concluimos: “Ese es el problema con este grupo – la gente no está tan comprometida como yo!” Dios tiene un remedio para este problema –Él nos permite caer y fracasar. Luego Él nos pregunta si queremos aprender la lección de humildad y autoengaño. Es por esto que los cristianos más maduros son aquellos que se dan cuenta más agudamente de su compromiso imperfecto, y de su necesidad de la misericordia de Dios y de su gracia sustentadora.

Expresa tu gratitud por su gracia sirviendo a los demás. Cada vez que Pedro confiesa su amor, Jesús le pide que cuide a su gente. ¡Qué despliegue de gracia más grande! A pesar de que Pedro había fracasado miserablemente y es desastrosamente imperfecto en su amor por Jesús, Jesús no sólo lo restaura en su papel de líder sino que además expande la esfera su ministerio. Antes, Pedro había sido comisionado a “pescar” (ganar gente para Cristo). Ahora, en los talones de su fracaso y en la humildad recién encontrada de Pedro, Él expande su rol a “cuidar y pastorear” (guiando y alimentando cristianos). ¿Qué hubiera significado si Pedro hubiese dicho, “No gracias, no lo merezco?”. La prueba de que él había recibido la gracia de Cristo, y su restauración completa, fue el hecho de que continuara con su rol en la obra del Señor.

Esta es la manera en que el Señor trata con nosotros también. Él no requiere de la perfección en ninguna área de nuestras vidas. Si podemos decir que sinceramente lo amamos y lo queremos seguir, Él nos perdona y acepta nuestro amor imperfecto – y nos llama a servir a otros en su nombre. Esta es la forma en que nosotros decimos “gracias” por tu misericordia y Gracia – no haciendo penitencia, sino que dando su amor a otros en el ministerio cristiano. ¡No estamos totalmente restaurados hasta que no estamos sirviendo a otros!