Santiago

Obteniendo el Máximo de la Adversidad

Santiago 1:1-18

Introducción

Leer vs. 1. La carta de Santiago, al igual que la carta de Pablo a los gálatas son probablemente las dos cartas más antiguas del Nuevo Testamento, datadas de la mitad de los 40 D.C.

La carta de Santiago es una carta muy práctica, es por eso que Pablo inmediatamente se escribe sobre uno de los temas más prácticos que todos debemos enfrentar: la adversidad. Los cristianos no están eximidos de la adversidad (a veces les llega más), pero como hijos de Dios se le dan los medios para sacar el mayor provecho al sufrir adversidad. Este pasaje explica cuatro perspectivas que nos permite hacer esto…

1: Comprender el propósito de Dios frente a Pruebas (vs.2-4)

Leer y explicar vs.2 (ambos “pruebas” y “varias” enfatiza  la amplitud integral de la adversidad incluida): Sin importar qué tipo de dolorosa adversidad yo experimento, yo debiera considerarlo una ocasión para regocijarme.

¿Por qué debiera yo considerarlo una ocasión para regocijarme cuando una persona amada muere, cuando contraigo una seria enfermedad, cuando experimento una desilusión cuando un anhelado objetivo es frustrado, cuando soy odiado y tratado injustamente por otros, cuando mis hijos están tomando malas decisiones, cuando experimento un serio contratiempo financiero, cuando mis sinceros esfuerzos para servir a Dios pareciera haber fracasado, cuando las dolorosas consecuencias de mi propias malas elecciones caen aplastándome, etc.?

Esto parece ridículo, masoquista, incluso cruel y lo sería si no fuera por los vs. 3-4 (leer).

“Sabiendo”. La razón por la cual debiéramos regocijarnos es porque sabemos que en medio de todo tipo de pruebas Dios está soberanamente trabajando a través de ellas para un buen propósito.

APOLOGÉTICA: Dios no es el causante de todas las cosas que ocurren o dice que todas las cosas son buenas. Esto haría de Dios un malvado. Pero debido a que Dios es soberano y amoroso, él puede trabajar a través de cada situación, incluyendo la maldad, para bien (Romanos 8:28).

¿Cuál es este buen propósito? Pablo dice que es conformarse al carácter de Cristo (Romanos 8:29); Santiago dice que es crecimiento y madurez (vs.4b). Él utiliza una imagen de un ENTRENADOR ATLÉTICO/PREPARADOR FÍSICO.

¿Por qué necesita el atleta un entrenador/preparador? Para estar en condiciones físicas adecuadas y desarrollar sus habilidades atléticas para llegar a su potencial máximo. ¿Y cuál es uno de los ingredientes más importantes para alcanzar este objetivo? Sometimiento a varios tipos de estrés físico y mental y agotamiento. Un buen entrenador/preparador crea un programa individualmente diseñado para tu tonicidad y tu musculatura, desarrolla  tu resistencia y perfecciona tus habilidades. Esto involucra varios diferentes tipos de sufrimientos, a veces tú no entiendes lo que él está tratando de hacer, pero el sufrimiento vale la pena porque te ayuda a llevar a cabo tu objetivo.

Santiago dice que Dios es nuestro entrenador/preparador en un área lejos más importante: el desarrollo de un carácter santificado y la realización de su propósito para nuestras vidas. Y él es superior a cualquier entrenador/preparador humano debido a dos razones.  Primero, él nos ama perfectamente y por lo tanto siempre nos entrena para nuestro bien y nunca para vengarse de nosotros. Segundo, él es soberano y por lo tanto conoce cómo trabajar a través de cada adversidad para lograr su objetivo. A pesar no siempre podemos ver cómo esto funciona en el momento, podemos confiar en su amor y en su soberanía.

“No debiéramos quedar desconcertados cuando algo inesperado, frustrante y desalentador nos ocurre. ¿Qué significan estas cosas? Dios en Su sabiduría intenta hacer algo de nosotros que aún no hemos alcanzado y está tratando con nosotros de acuerdo a ese plan. Tal vez Él tiene la intención de fortalecernos en paciencia… compasión, humildad... al darnos cierta práctica extra al ejercitar estos medios de gracia (dones) bajo condiciones especialmente difíciles. Tal vez tiene nuevas lecciones en la negación de nosotros mismos para enseñarnos. Tal vez a él le gustaría romper nuestra complacencia… o formas  no detectadas de orgullo y vanidad. Tal vez Su propósito es atraernos más cerca de Él en una comunión consciente con Él; porque ocurre a menudo… que la comunión con Dios es más vívida y dulce,  y el gozo de los cristianos es mayor, cuando la cruz es más pesada. O tal vez Dios está preparándonos para formas de servicio las cuales actualmente no tenemos noción.”

Así que debemos comprender el propósito de Dios durante la adversidad. Pero esto no asegura que la intencionalidad de la voluntad de Dios se lleve a cabo. Nuestra respuesta a las pruebas es lo que determina si es que  el buen propósito de Dios para nuestras vidas se cumplirá o se frustrará. Debido a esta razón, Santiago explica prácticamente cómo responder apropiadamente a la adversidad en contraste con respuestas inapropiadas…

2. Pide a Dios por Sabiduría (vs.5-8)

Leer vs.5. La primera cosa que debiéramos hacer cuando somos golpeados por la adversidad es pedirle a Dios por sabiduría. “Sabiduría” aquí significa un  mejor entendimiento del propósito de Dios y cómo responder a este tipo de entrenamiento. Anda donde Dios y pídele “¿Qué estás trabajando específicamente en mi carácter a través de esto?” y “¿Cómo específicamente debiera yo responder a este entrenamiento?” Puede incluso incluir una petición de consuelo y ánimo para poder continuar. Nada agrada más a un entrenador  más que oír estas preguntas. Dios va a responder estas peticiones de la mejor manera en el mejor momento…

Pero estas peticiones nos son fórmulas mágicas que obtienen una respuesta automática de Dios. Ellas deben ser acompañadas por la correcta actitud de corazón hacia Dios. Leer vs.6-8. Este es un pasaje bastante problemático porque pareciera decir que cualquier fluctuación en los sentimientos de confianza en Dios será rechazada por él. Esto sería una demanda imposible porque cada uno de nosotros experimenta estas fluctuaciones durante la adversidad. En cambio, Santiago se refiere a nuestra actitud personal hacia el carácter de Dios durante la prueba, lo cual es algo que nosotros podemos elegir sin importar nuestros sentimientos.

El “pedir en fe” significa acercarse a Dios eligiendo confiar que él es soberano y está amorosamente involucrado en esta adversidad para mi bien. Significa personalmente afirmar Romanos8:28 “Yo creo que tú estás involucrado en esta prueba para mi bien y quiero que tú hagas tu voluntad en mi vida. Por favor muéstrame lo que estás intentando enseñarme y cómo quieres que yo responda…” Esto es poner tu teología a trabajar.

El “dudar” significa fracasar o rehusar adoptar esta actitud hacia Dios. Significa creer que tus circunstancias o sentimientos por sobre la Palabra de Dios y concluir (sin embargo sutilmente) que Dios no está involucrado, que no le importa, que no puede ayudarme, etc.  Yo sé personalmente que es posible “hacer los movimientos” (orando a Dios, incluso citando versículos de la escritura y preguntar técnicamente las cosas correctas) pero secretamente negar su soberanía amorosa por el solo hecho de querer una salida o al estar enojado con Dios por permitirlo.  En este caso, soy uno de “doble mente”, diciendo las cosas correctas pero creyendo las cosas equivocadas.

¿Qué ocurre cuando tenemos esta actitud?  Impedimos que Dios nos de sabiduría (vs7) y permanecemos inestables, sujetos a nuestras circunstancias y sentimientos (vs.6b, 8b).

RESUMEN: ¿porqué algunos cristianos se vuelven más estables y confiados de la fidelidad de Dios durante un sufrimiento, en cambio otros permanecen confundidos, enojados, esclavizados? La respuesta se puede rastrear a sus respuestas habituales a Dios cuando tienen una prueba.

3: No confundir Confortabilidad Temporal por Bonanza Espiritual (vs.9-12)

Una de las pruebas que estos cristianos estaban sufriendo era la pobreza financiera y la privación. El capítulo 5 indica que los ricos no cristianos no estaban solamente no ayudándolos, sino que explotándolos (5:4-6). Debido a eso, la audiencia de Santiago estaban mirando a sus vecinos ricos como aquellos que realmente “les iba mejor” que a ellos. Santiago ve esto como una actitud peligrosa y la corrige (leer vs.9-12).

CALIFICACIÓN: La Biblia nunca justifica la acumulación de riquezas sin compasión; y rechaza la explotación de las demás personas para poder enriquecerse (6:1-3). Los cristianos ricos eran responsables de tratar a sus empleados justamente y utilizar sus riquezas compasivamente. Nunca podemos decir, “estoy explotándolos para que puedan crecer espiritualmente.” Tampoco la Biblia glorifica la incomodidad temporal no dice que debiéramos buscarla (MONJES ASCETAS).

El punto de Santiago aquí tiene que ver con nuestra perspectiva que debiéramos tomar con respecto a la comodidad temporal cuando nos falta. No confundir la comodidad temporal con tu propio bienestar espiritual; no son la misma cosa. Y dado que la madurez espiritual es más importante que la comodidad temporal, debiéramos valorarla lo suficiente como para dar la bienvenida a la incomodidad temporal si Dios lo permite en nuestras vidas y lo ve como prueba de que somos amados por Dios. Existen dos aplicaciones obvias a esta verdad.

No envidies a aquellos que tienen mucha comodidad temporal. Marcos 8:36, no es verdad que el que “tiene más juguetes gana”. En el mejor de los casos, tienen una solemne responsabilidad de administrarlo apropiadamente. En el peor de los casos, están en peligro de perder sus vidas al ser adictos a la comodidad y permitir que los seduzca/impida conocer a Dios y pierden sus vidas, así como estaba ocurriendo evidentemente con esta gente (vs.10-11). Más importante, el envidiarlos es decirle sutilmente a Dios, “Tú los amas a ellos más que a mí; los tratas mejor que a mí.”

Date cuenta que tu incomodidad temporal puede ser una bendición disfrazada. C.S. Lewis nombró al sufrimiento el “megáfono de Dios” y ha sido ciertamente una forma efectiva para Dios para darme un “llamado para despertarme”. “El dolor físico y la debilidad provocan que sintamos nuestra fragilidad. El desconcierto revela nuestra falta de sabiduría.  Los reveces financieros señalan  cuán limitada es nuestra seguridad hecha por nosotros mismos. Los errores y los fracasos humillan nuestro orgullo.” Si nos damos cuenta de esto y dejamos que estas cosas nos conduzcan a Dios para transformar nuestro carácter, miraremos el pasado después y nos daremos cuenta cuán privilegiados fuimos para ser disciplinados de esta manera.

“Pedimos fuerza para poder lograrlo, somos hechos débiles para que podamos obedecer. Pedimos salud para que podamos hacer grandes cosas; se nos da enfermedad para que hagamos las cosas mejor. Pedimos poder para que podamos ganar la alabanza proveniente del hombre; nos dan debilidad para que podamos sentir nuestra necesidad de Dios.  Pedimos por todas las cosas para que podamos disfrutar la vida, se nos da la vida (a menudo a través del sufrimiento) para que podamos disfrutar de todas las cosas.”

Considera orar esto: “Dios, reconozco mi propia tendencia a querer comodidad más que madurez, y me olvido de ti cuando estoy cómodo.  Por favor haz lo que sea necesario para llamar mi atención de tal manera que permanezca vital en mi camino contigo.”

4: Cuidado con Echarle la Culpa a Otro (vs 13-18)

UNA HIJA PEGÁNDOLE A LA OTRA Y DICIENDO “ES SU CULPA PORQUE SE ESTABA BURLANDO DE MI.”  Tú y yo nos reímos de esto y corregimos a nuestros hijos. Lo que su hermana hizo estuvo mal (y tal vez la corregiremos); pero ella no puede utilizarlo como una excusa para su errada conducta. A no ser que ella comprenda esto y asuma su responsabilidad por su respuesta a la adversidad, su vida se verá afectada…

Pero lo que vemos tan claramente con nuestros hijos, ¡a menudo no logramos verlo en nosotros mismos! Cuando estamos experimentando adversidad divinamente permitida, cuán a menudo rehusamos tomar la responsabilidad de nuestra respuesta a ella.

“Estoy tan solo que tuve que buscar una compañía a través de la inmoralidad sexual.”

“Fui tan maltratada que tengo razón para estar amargada.”

“Me dolió tanto el fracaso tratando de servir a Dios que nunca más lo intentaré de nuevo.”

Si no somos responsables por nuestra respuesta, entonces ¿quién lo es? Lo que estamos realmente diciendo, ya sea que nos demos cuenta o no, estamos culpando a Dios que nosotros pecamos. Él dejó que las cosas se pusieran tan malas que no tuvimos otra elección si no que hacer lo que hicimos.

Cuando tú reaccionas de esta manera bajo la presión, tú puedes experimentar un alivio a corto plazo (“realmente no era mi culpa”), pero estás pavimentando el camino para la miseria a largo plazo porque tú creerás más y más que tú eres una víctima de las circunstancias y de cómo otros te tratan en vez de ser un hijo de Dios que elige libremente y que está trabajando para aumentar su libertad moral (COVEY “PERSONA REACTIVA”).

Santiago Tiene una Solución Mejor—leer vs.13-18

Recuerda la soberanía amorosa de Dios. Dios nunca influye a nadie (activamente o pasivamente) a violar su voluntad (vs.13).  De hecho, 1 Corintios 10:13 dice (CITA). Sólo las buenas cosas y la influencia para hacer buenas cosas provienen de Dios (vs.17). Y las cosas más grandes que él hizo por nosotros fue hacernos sus hijos cuando venimos a Cristo. (vs.18).

Toma la responsabilidad por tu respuesta a la adversidad.  La influencia y la elección de hacer el mal proviene de nosotros mismo, no de Dios (vs.14-16) GOTHARD, “tú no eres nunca responsable por cómo las otras personas te tratan a ti. Tú eres siempre responsable por cómo tú respondes a su trato.” Esto puede ser doloroso a corto plazo, pero te abre a experiencias del perdón de Dios y obtiene como resultado mayor libertad moral a largo plazo.

Conclusión:

BUSCADORES: Ustedes también sufrirán. La pregunta es si es que quieren que este sufrimiento traiga salvación o no. El primer paso hacia delante es convertirse en un hijo de Dios…

Notas al pie

J. I. Packer, Knowing God (Conociendo a Dios) (Downers Grove: InterVarsity Press, 1975), p. 86.

J. O. Sanders, Spiritual Maturity (Madurez Espiritual)  (Chicago: Moody Press, 1958), p. 11.

Quoted by J. O. Sanders, A Spiritual Clinic (Una Clínica Espiritual) (Chicago: Moody Press, 1958), p. 34.