Santiago 2:1-13

Tres Distintivos de la Madurez Cristiana

Por Gary DeLashmutt
Xenos Christian Fellowship
Columbus, Ohio, EE.UU

Introducción

Todas las cartas del Nuevo Testamentos fueron escritas para ayudar a los cristianos a madurar en su fe en Cristo. Si hemos de madurar (en cualquier área), necesitamos conocer cómo se ve, porque “si intentamos lanzar algo a la nada, a eso le vamos a dar cada vez.”

En este pasaje, Santiago nos suple con una imagen de lo que significa ser un cristiano maduro. Él describe tres distintivos de la madurez cristiana…

Valora el Corazón de las Personas más que su Apariencia Externa (vs.1-7)

Leer vs.1. “Favoritismo Personal” es una traducción pobre. Significa literalmente “recibir según la cara”. Santiago está diciendo que evaluar, clasificar y tratar a la gente de acuerdo a formas externas no es compatible con la fe en Cristo. Él pone el tema en la mesa, debido a que ellos estaban inmersos en una práctica que revelaba que esto era lo que ellos estaban haciendo. 

Leer vs.2-4. El criterio con el cual elegían el lugar donde sentaban a las visitas era simplemente la vestimenta externa, lo cual no es válida. ¿Por qué? Debido a que esto no es un indicador confiable de lo que es realmente importante acerca de una persona.

Leer vs.5-6a. Muchos de los que son económicamente pobres son sin embargo grandes a los ojos de Dios debido a que han recibido a Cristo y lo aman.

Leer vs.6b-7. Muchos de los que son económicamente ricos no tienen ningún respeto personal hacia Dios y oprimen a su gente.

Debiera estar claro a partir de este pasaje, que en vez de “juzgar un libro por su cobertura”, deberíamos evaluar lo que está dentro de una persona más que lo que está por fuera.  Específicamente, la actitud de las personas hacia Dios y su carácter debería ser primeramente nuestro examen de los demás. ¿Por qué? Debido a que esta es la forma en la que Dios evalúa a las personas.

Aquí es donde Dios mira cuando él decide a quién adoptará como su hijo. La Biblia dice que a Dios realmente no le importa la raza o clase social a la cual uno pertenece, cuán famoso o desconocido eres, cuántos pecados has cometido ,etc. Si Él ve en tu corazón un reconocimiento de tu necesidad, de Su perdón y una disposición a confiar en Cristo de que Él proveerá su perdón, él inmediatamente te hace su hijo para siempre (Romanos 10:9-10).

Esto es lo que Dios mira cuando decide a quién hará grande en su reino. Cuando Israel quería un rey, Dios dejó que ellos eligieran su propio primer rey. Ese pueblo eligió a Saúl debido a cualidades externas: buenmozo y alto. Pero debido a que carecía de un corazón comprometido con Dios, él era un fracaso miserable como líder. Cuando Dios hace su elección, él seleccionó a David, no debido a su apariencia física (él era solo un joven), sino que porque era “un hombre con un corazón que busca a Dios”, él conocía a Dios personalmente y quería seguirle (leer 1Samuel 16:7).  Esto sigue siendo la prioridad de Dios en todos sus tratos con la gente (2Crónicas 16:9).

Si Dios valora más el interior que el exterior, también debiéramos nosotros. Existen muchas formas de aplicación de este principio.

Uno de los hechos más frustrantes de nuestra cultura es que sus héroes son elegidos casi solamente sobre la base de criterios externos en vez de internos (“IMAGEN ES TODO”; RIQUEZA; APARIENCIA FÍSICA; CAPACIDAD DEPORTIVA). Esto es frustrante debido a que los héroes culturales no sólo reflejan nuestros valores, sino que también influyen nuestros valores (CÍRCULO VICIOSO). ¿Quiénes son tus héroes? ¿Y por qué?

Con este criterio, Jesús (la persona más grande que ha vivido hasta el momento) era un completo fracaso (Isaías 53:2).

Este principio también es importante cuando se trata cómo la iglesia elige a sus líderes. Los líderes son el modelo de facto para otros cristianos: ellos moldean la idea de la gente de lo que significa ser santo. De acuerdo a la Biblia, es imperativo que el carácter sea la principal consideración en la selección de líderes en la iglesia (1Tim.3). Cosas como buen físico, riqueza económica y poder político, no deberían considerarse en la selección de la gente para los roles del liderazgo en la iglesia. Los dones y la capacidad tienen su espacio propio, pero lo que está en el interior es el factor clave.

Sinceramente busca el bien de los demás (vs.8)

Leer vs.8. Santiago le llama la “ley real” (“la ley del rey”) debido a que Jesús (el Rey) nos dijo que era uno de las más altas prioridades de la vida (Mateo 22:39).

Nótese que no dice que debemos amarnos a nosotros mismos antes que podamos amar a los demás. Muchos, interpretando mal, han cambiado este mandato en una orden para amarnos a nosotros mismos. Pero asume que nos amamos a nosotros mismos y nos llama a amar a otros de la misma manera como nos amamos a nosotros mismos.

¿Cómo nos amamos a nosotros mismos? No necesariamente con un entusiasmo emocional o con una constante satisfacción, pero siempre sinceramente buscando nuestro bien y el bienestar como nosotros entendemos estos términos. Podemos estar lejos de cómo definimos este bien, podemos escoger caminos imperfectos para lograr este bien, pero siempre nos relacionamos con nosotros mismos dentro de esta intención.

Dadas mis muchas limitaciones reales en cuanto a entendimiento y en recursos, ¿estoy cultivando el hábito de verlos y tratarlos con este objetivo en mente? De acuerdo con la Biblia, este componente es el más crítico en mis interacciones con otras personas. Si me relaciono con la gente con esta intención, muchos de mis otros errores probablemente no serán vistos (1Ped.4:8). Pero si fallo en crecer en esta habilidad, ¡soy un fracaso en la vida (1Corintios 13:1-3)!

La belleza de este mandamiento es que cubre muchas situaciones. En vez de memorizar un libro grande y grueso de reglas acerca de cómo actuar en las diferentes acciones, sólo necesitamos preguntar “¿Qué promueve el bienestar de esta persona?” Esto hace que las cosas sean más simples, aunque no más fáciles. Aquí tenemos algunas de las preguntas que me hago con respecto a esto.

Cuando corrijo a mis hijos, ¿es realmente para enseñarles algo que ellos necesitan saber, o es sólo para controlar sus conductas debido a que me están molestando?

Cuando dialogo con mi cónyuge con respecto a un tema en el cual no concordamos, ¿me comunico con respeto al realmente escuchar y tratar de entender su punto de vista, o sólo debato o amenazo emocionalmente para salir con la mía?

¿Les doy a otras personas libremente, o bajo condiciones? ¿Ayudo a las personas a desarrollar sus talentos/habilidades para que puedan cumplir con su propio llamado y potencial, o solamente para que puedan ayudarme a mí en mi propio llamado?

¿Estoy dispuesto a levantar la voz a favor de alguien que está siendo tratado injustamente, o me quedo tranquilo para salvarme de posibles ataques?

¿Muestro cortesía, amabilidad y sinceramente pido perdón cuando me doy cuenta que herí a alguien, o minimizo los problemas como si no fueran tan importantes?

Todos sabemos que el mundo sería un lugar mucho mejor si nos tratáramos unos a los otros de esta forma y probablemente a todos nos gustaría relacionarnos de esta forma. Pero ¿por qué es tan difícil?  Porque sólo Dios nos puede inspirarnos, motivarnos y enseñarnos cómo relacionarnos con los demás de estas formas (1Jn 4:10-11, 16ª,17ª).

En los siguientes versículos, Santiago nos entrega otras aplicaciones de este principio…

Muestra misericordia a los demás (vs.9-13)

Misericordia es un sinónimo de perdón. No tiene nada que ver con relativizar o minimizar el mal causado. Significa elegir no pagarle de vuelta a alguien por el mal que ellos nos han causado.

La misericordia es absolutamente necesaria en las relaciones cercanas como el matrimonio, porque las personas son caídas y nos van a herir. Si no aprendes cómo mostrar misericordia, destruirás tus relaciones con los “pagar de vuelta” (LEY DEL HIELO; EXPLOSIONES DE IRA; ESPÍRITU CRÍTICO).

La misericordia es necesaria hacia aquellos que te han herido profundamente, pero que ya no están involucrados en tu vida. A no ser que aprendas a perdonar a estas personas, la amargura en tu corazón va a desbordar sobre tus otras relaciones y envenenará tu vida.

Santiago indica que la clave para mantener una actitud de misericordia hacia los demás es recordar lo que realmente merecemos de Dios y cómo él nos ha respondido. Aunque es difícil de entender, este es el punto en vs.9-13.

Cuando se trata de llevar a cabo la ley de Dios, yo siempre quedo corto de una u otra manera (vs.9-11). Sin importar cuán bien lo hago comparado con otras personas en ciertas áreas, aún he fracasado completamente como para alcanzar los requerimientos de Dios, cuya evaluación es la que más importa.

Debido a que soy un transgresor de la ley de Dios, merezco su condenación.

A pesar de eso Dios está preparado para garantizarme misericordia. Esto es lo que significa ser “juzgado por la ley de la libertad”. Dios me hace libre de esta condenación. Él puede hacer esto porque la muerte de Cristo satisface mi deuda para con Dios si he recibido su perdón como un regalo (EVANGELIO). En este sentido la misericordia triunfa sobre la justicia. Dios ha encontrado una forma de garantizarme la misericordia y aún satisfacer su justicia.

Por lo tanto, debiera tratar a otros con misericordia. Es totalmente inconsistente para mí no tener misericordia hacia los demás cuando Dios ha sido tan misericordioso conmigo. Si digo que soy incapaz de mostrar misericordia hacia los demás, estoy diciendo que nunca recibí el perdón de Dios.

Efesios 4:32, la cosa más consistente que puede hacer un cristiano es perdonar a aquellos que han pecado en contra de él. ¿Cómo estás haciendo esto?