Hebreos 12:1-131

¿Cómo correr la carrera con paciencia?

Por Gary DeLashmutt

Xenos Christian Fellowship

Columbus, Ohio, EE.UU.

Introducción:

Leer vs.1. Esta es la tesis de este pasaje: “Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante”. Dios tiene una carrera para ti. Dios tiene un propósito para tu vida. Correr la carrera significa reconocer que el propósito de Dios para tu vida es lo que importa, y el hacerlo tu prioridad número 1 es descubrir y completar este propósito. Como en los héroes del Antiguo Testamento citados en el capítulo 11 (y mencionados como espectadores <“nube de testigos”> en este verso), cada uno de nosotros es llamado por Dios a jugar un rol único en su propósito para la historia humana. Por supuesto, tú no eres elegible para correr una carrera deportiva hasta que te inscribas en ella. Así como también no eres elegible para correr la carrera de Dios hasta que no te hayas inscrito en ella. La mala noticia es que ninguno de nosotros clasifica para esta carrera por nuestras propias obras; de hecho estamos todos descalificados según esta perspectiva. Pero la buena nueva es que Dios nos dice que El ya pagó por nuestro boleto de entrada a través del pago de Su Hijo. Así que ahora el punto no es de quien es elegible, pero si estamos dispuestos o no de correr la carrera. ¿Estás dispuesto a recibir el perdón de Dios a través de Cristo y entrar en esta carrera? ¿Has hecho esto ya?

Corre la carrera”. Ahora que has recibido a Cristo, este es el tema más importante de tu vida. ¿Puedes decir que nuestra prioridad N° 1 es descubrir y completar el propósito de Dios para tu vida? Al contrario de la inscripción en la carrera “que necesitamos hacer sólo una vez”, correr la carrera es algo que debemos continuar eligiendo día tras día. Este es el segundo punto de esta aseveración...

Esta carrera requiere resistencia (paciencia). Esta carrera no es como un pique de 100 m; es más parecida a una maratón. Empieza en el momento en que recibes a Cristo y finaliza cuando mueres o cuando Cristo retorna. Y el camino no es plano; atraviesa todo tipo de montes y obstáculos. Esta carrera no requiere velocidades supersónicas, requiere resistencia.

Hupomone” (paciencia) significa “permanecer allí”. Es perseverancia, aferrarse, rehusando abandonar sin importar la fatiga y otras presiones para hacerlo. La resistencia junto a su sinónimo “makrothumia” (paciencia / sufrimiento largo), es un tema clave en Hebreos. El autor usa esta palabra cuatro veces en este pasaje (vs.1,2,3,7) y dedica dos otros pasajes a este tema (6:9-20; 10:32-39). Estos dos términos se usan más de 70 veces en el NT, porque es una cualidad de carácter muy importante para la vida cristiana.

Muchos cristianos occidentales completan unos buenos tramos de esta carrera, pero el hecho es que pocos (incluyendo líderes) corren consistentemente y finalizan bien. ¿Por qué? Una razón es que somos hijos de una cultura que tiene expectativas utópicas (DERECHO A VIVIR UNA VIDA LARGA Y SIN POBREZA NI SUFRIMIENTO), espera resultados “instantáneos” y visualiza acciones dramáticas como más importantes que la consistencia detrás del escenario. El cristianismo occidental se ha conformado a estos valores más que a confrontarlos. Por lo tanto muchos cristianos no valoran la resistencia porque no debería ser necesario en primer lugar, y en segundo lugar porque no es deslumbrante como tampoco se gana de manera fácil. Pero el largo de la carrera y la presencia de muchos obstáculos hace de la resistencia un requisito no opcional.

Dado que su audiencia (así como muchos de nosotros) carecía de resistencia, el autor da una visión de cómo desarrollarla. Examinemos tres maneras...

Deja de lado todo el exceso de equipaje (vs.1)

Imagina alguien que se presenta al punto de partida de una maratón vistiendo zapatos de basquetball con cordones desamarrados y arrastrando un par de maletas ¡¡¡Tú dices, “oye, no podrás correr muy lejos con toda esa carga”!!! El responde “No entiendes; necesito estas cosas para hacerlo de la mejor manera. Me siento más atractivo con mis zapatillas de basquetball y tengo buena comida y buena bebida en la maleta.” No importa lo que diga, pero muy pronto esa persona tendrá que hacer una elección: deshacerse del exceso de equipaje o retirarse de la carrera.

Lo que para nosotros es obvio acerca de correr una maratón, puede que no sea tan obvio al correr la maratón de Dios. Muchos de nosotros llevamos un significativo exceso de equipaje y después nos preguntamos porqué es tan difícil mantenerse en la carrera. El autor nos indica dos clases distintas de exceso de equipaje.

El pecado que nos atrapa tan fácilmente” – Esto se refiere, no a caídas existenciales de la gracia, pero a actitudes pecaminosas, prácticas y hábitos que creemos que no podemos prescindir, pero que están de hecho quitando nuestra energía para seguir a Dios y nos enredan hacia otros pecados también. Leer Rom.13:12-14

Ejemplo: HÁBITO DE SEXO/DROGA; COMPROMISOS MATERIALES; EVIDIANDO A OTROS; CULPANDO A OTROS.

Todo peso” – esto probablemente se refiere a cosas que aunque no son necesariamente malas por si solas, deben sin embargo ser eliminadas dado que Dios nos ha mostrado que tenemos un apegamiento indebido a ellas (RELACIONES DE IDOLATRÍA; MÚSICA; CARRERA PROFESIONAL) o porque sencillamente no podemos hacer ambas (PROBLEMAS DE TIEMPO).

>> Si encuentras que es difícil permanecer en esta carrera la primera cosa que deberías revisar es tu equipaje, el peso que llevas. Es posible que tú le estés pidiendo a Dios que te de más poder para llevar este exceso de equipaje cuando en realidad El te está diciendo que lo elimines, te despojes de ese peso. Ponte de acuerdo con Dios de qué peso se trata, desvíate de eso, y toma pasos prácticos que El te muestre cómo alejarte de ello. ¡Va a doler hacerlo, pero te sentirás mucho más liviano y libre para correr la carrera!

Mantén un enfoque mental adecuado (vs. 2-4)

A partir de mi entrenamiento en trote me doy cuenta lo importante que es mi enfoque mental. Cuando dejo que mi mente vaya donde quiera, termino pensando cuán cansado estoy, cuánto duelen ciertos músculos, cuán lejos tengo que ir, y cuánto más adelante están los otros. Esto siempre resulta en percibir que uno está más fatigado de lo que realmente está y produce deseos de abandonar. Los corredores de maratón me dicen que un enfoque mental adecuado es tan importante como un entrenamiento físico adecuado.

La misma cosa se aplica al correr la carrera de Dios. Hay todo tipo de distracciones que capturarán tu atención y te convencerán de abandonar si tú les haces caso.

CIRCUNSTANCIAS SOBRE LAS CUALES TÚ NO TIENES CONTROL: “¡Mira cuán difícil es mi situación! ¡Mira la gente que tengo que aguantar! ¡No se espera que nadie sirva a Dios y crezca en este ambiente!”

SENTIMIENTOS CONTRADICTORIOS: “Estoy tan derrotado, con tanta letargia, tan poco motivado que obviamente no espero resistir cuando me siento así. Dios tendrá que cambiar mis sentimientos antes que continúe.”

PROBLEMAS PERSONALES DE LARGO PLAZO: “¡ Mira el estado desastroso en el que me encuentro! He estado profundamente dañado por las malas decisiones y relaciones del pasado. Tengo debilidades de carácter tan profundamente arraigadas que no las puedo eliminar de un día para otro. No tengo cómo ser útil a Dios en este estado; necesito abandonar la carrera hasta que esté más sano.”

COMPARACIÓN NO APROPIADA CON OTROS: “¡Mira cuánta ventaja me llevan! ¡Mira cuánto más tiempo que yo llevan corriendo! ¿Cuál es el objetivo de correr dado que nunca los podré pillar?

El cristiano que desea correr la carrera con resistencia tiene que aprender a elegir y mantener un enfoque mental adecuado. Eso involucra no sólo identificar y alejarse de enfoques mentales erróneos (ver lo indicado anteriormente) pero también desarrollar el hábito de enfocarse en Cristo (vs.2). La palabra griega significa justamente esto: alejarse de todo lo demás de modo de concentrarse en el objeto propio de tu atención.

¿Qué significa “fijar tus ojos en Cristo”? No significa visualizar un cuadro de Él en tu vida. Esta práctica es cada vez más popular en círculos cristianos pero es más propia de la idea de nueva era de crear tu propia realidad a través de una imagen mental más que basado en algo bíblico. El autor nos dice dos formas de cómo debemos enfocarnos en Cristo:

El autor y consumador de nuestra fe” (versión Reina Valera) – En la Edición Paulina se traduce como “Iniciador y consumador de nuestra fe” - La Nueva Internacional lo traduce como “autor y perfeccionador”. Jesús es el ejemplo de lo que significa correr con resistencia. El se ha adelantado con respecto a nosotros con respecto a todo tipo de sufrimiento que encontremos y los ha resistido victoriosamente. Cuando estás hundido en auto compasión considera lo que resistió (vs.3,4) y porqué estuvo dispuesto a resistirlo (leer vs. 2). Hay un gran valor educacional y motivacional en estudiar la vida de JESÚS. Su ejemplo rechazará nuestra auto compasión y nos inspirará a continuar.

El perfeccionador de nuestra fe” – Aún más importante que su ejemplo, sin embargo, es su rol como sostenedor, su disposición a mantener, fortalecer, y por lo tanto perfeccionar nuestra fe. De hecho, una gran parte de su ejemplo era el modelar la importancia de derivar fuerza espiritual a partir de Dios para correr con resistencia. Dado que conocía que su Padre prometió ayudarlo para cumplir su voluntad, Jesús se acercó a El a menudo con este propósito (Marcos 1:35; Getsemané). Y ahora está disponible para nosotros como nuestro Sumo Sacerdote para darnos las mismas promesas y proveer los mismos recursos (2:18; 4:16).

Dado que esta carrera se corre por fe, se corre en oración dependiendo de los recursos de Cristo más que manteniendo un labio superior rígido y aguantándolo en forma personal.

>>Si eres débil en resistir, ¿Cuál ha sido tu enfoque mental? Este problema ha sido para mi la razón más común de quedarme sin gasolina: Estoy mentalmente enfocado en las cosas equivocadas. Pero cuando yo escojo, contra mis sentimientos de auto compasión y fatalismo, enfocarme en Jesús de esta manera, el poder del Espíritu de Dios se libera en mi para continuar siguiéndole y sirviéndole.

El beneficio del programa de entrenamiento de Dios (vs. 5-13)

Aunque yo me presentara a una maratón sin exceso de equipaje y mentalmente enfocado en una forma adecuada, igualmente abandonaría mucho antes del final. Si deseo completar una maratón debo estar dispuesto a someterme al entrenamiento. De hecho necesito someterme a un programa de entrenamiento muy intenso. Necesitaría estar dispuesto a que un experimentado corredor diseñara un régimen de entrenamiento que podría parecer de muchas maneras irrelevante a la carrera. Tomando en cuenta mi actual estado síquico y físico diseñaría ejercicios calculados cuidadosamente para producir una respuesta adecuada en varios músculos. Al seguir este programa de entrenamiento a veces frustrante y agonizante, gradualmente me pondría en forma para correr la maratón. La mayor razón por lo cual las personas están incapacitadas para correr una maratón no es porque son físicamente incapaces, pero más bien porque no están dispuestas a someterse al entrenamiento necesario. Debo admitir que este es mi caso.

Dios está comprometido en moldearnos a cada uno de nosotros para mantenernos en forma para correr la carrera y con este fin El tiene un programa de entrenamiento diseñado individualmente para cada uno de nosotros. El sabe exactamente qué roles estamos diseñados para cumplir en su carrera; El sabe exactamente qué cualidades faltan en nuestras vidas para poder terminar; El conoce exactamente la cantidad apropiada de estrés y desgaste que podemos soportar para desarrollar esas cualidades. El llama a este programa de entrenamiento “disciplina” (vs. 7a), y El está constantemente haciendo esto justamente con todos los cristianos a través de toda clase de sufrimiento, los cuales El soberanamente nos permite experimentar.

Leer vs. 5-10. El autor no se enfoca en este pasaje en cómo Dios nos disciplina/entrena, sino en cómo nos beneficiamos de esto. Nos recuerda de tres claves para beneficiarnos del programa de entrenamiento de Dios.

Recuerda que su disciplina es consecuencia del amor de Dios, y no de su ira o negligencia. Leer vs. 5-10. ¡Cuán a menudo nos acordamos de esto! La mayoría de nosotros podemos mirar hacia atrás ahora y ver que nuestros padres nos disciplinaron para nuestro bien. Yo no entendía mucho de esto en ese momento, y me molestaba que alguno de mis amigos escapaban de la disciplina de la cual yo no podía arrancarme, pero hoy, a medida que veo los frutos de esa disciplina, estoy contento que mis padres me amaron suficientemente para decir “no” a mis tontas demandas, y que me permitieran e incluso crearan consecuencias dolorosas a mis elecciones equivocadas. Esta es la perspectiva que me ayuda a seguir disciplinando a mis propios hijos cuando es más fácil claudicar. La disciplina es un trabajo que no recibe agradecimiento, pero como una expresión de amor quiero que se den suficiente cuenta de los beneficios de su relación con Dios como para seguir disciplinándolos. Y espero que crean que los disciplino porque los amo, aunque a menudo no entiendan y tampoco estén de acuerdo con la disciplina.

¡Aunque cuán rápidamente me olvido de todo esto el momento en que Dios pone un dedo disciplinador sobre mí! Yo me encierro y amenazo con renunciar debido al dolor. Me enfoco exclusivamente en la causa natural de mi dolor y se me olvida todo la acción soberana de Dios para mi bien. Envidio y resiento a otros que no están sufriendo como yo. Me quejo que este sufrimiento está más bien impidiendo que ayudando a mi habilidad de servir a Dios. Acuso a Dios de abandonarme o de ser demasiado duro conmigo. Con todo esto, yo meramente demuestro que he olvidado lo que Dios dice acerca de porqué El me disciplina.

Recuerda que la disciplina es dolorosa ahora. Su premio viene más tarde. Leer vs. 11. Cada cristiano debiera memorizar el vs. 11. Esta es la versión bíblica del levantador de pesas: “sin dolor no hay ganancia”. Por supuesto la disciplina no es grata, sino más bien penosa. No sería disciplina si fuese fácil de hacer. ¡Pero Dios quiere transformar nuestros caracteres para que podamos cumplir con su propósito para nuestras vidas, y su objetivo es suficientemente importante para que amerite algún dolor si es que es necesario! Cuán diferente es esto de los valores de nuestra cultura, la cual es tan narcisista que la gente encuentra un atrocidad moral que tengan que sufrir por cualquier cosa. Algunos de nosotros hemos reaccionado por tanto tiempo al dolor como si fuera el peor mal que virtualmente no tenemos la capacidad para soportarlo. Somos débiles espiritualmente, y Dios es muy paciente en su disposición a enseñarnos dureza en esta área. Recuerda que tú respuesta a esta disciplina es la clave a la efectividad de tu vida.

Leer vs. 5:12,13. Sólo aquellos que se someten al entrenamiento cosechan el beneficio. Solo aquellos que se someten podrán sanar las “rodillas paralizadas”; si tu no te sometes no podrás sanar. Dios no trata con nosotros en forma determinística. Tal como la respuesta de nuestros niños a nuestra disciplina es el tema más importante y es libremente escogido, así también nuestra respuesta elegida es la clave con respecto a la disciplina de Dios en nosotros. Es por esto que algunos cristianos se vuelven incluso más maduros bajo la mano disciplinada de Dios mientras que otros nunca crecen.

Todos queremos el beneficio de la disciplina, ¿pero estás dispuesto a responder apropiadamente para obtenerla? ¿Quieres poder decir con convicción creciente: “soy más similar a Cristo de lo que era un año atrás y estoy más en paz debido a esto. Tengo mayor resistencia de lo que tenía un año atrás y estoy viendo el efecto de esto en mi vida.” Entonces deben mantenerte quieto y aceptar cuando él te disciplina hoy. Reconócelo como una disciplina amorosa proveniente de su mano. Dale las gracias por la disciplina aunque tú no puedas ver lo que El está tratando de hacer y pídele que te transforme lo que El desee a través de esta disciplina. Luego escoge obedecer las lecciones que puedas aprender de esto.

nota al pie de la página

1 Traducido por Marie Claude Bastres, Iglesia Asamblea de Dios Autónoma de Punta Arenas, Chile